Turismo
- Descripción
- Historia
- Localización
- Callejero
- Transportes
- Monumentos
- Imagenes
- Gastronomia
- Alojamientos
- Fiestas
- Reses Bravas
Actividades
Comisión de Fiestas
Servicios
- Teléfonos de Interes
- Inf. Metereologica
- Est. Carreteras
- Noticias
- Sugerencias
- Suscribirse
- Libro de Visitas
Busquedas
Donaciones
Rutas 4x4
COMARCA DE GÚDAR - JAVALAMBRE
|
Teruel esconde paisajes, lugares, pueblos de increíble belleza, aunque muchos de ellos se mantengan fuera de los recorridos turísticos clásicos. Nuestra propuesta, esta vez, se adentra en la Comarca de Gúdar-Javalambre, quebrándose entre montes y rocas, superando fuertes desniveles, asomándose a espacios inmensos, ilimitados, desde cimas y collados enlazados a través de cadenas de montes, salpicados por bellas y antiguas masías, excavados por rápidas corrientes. En realidad, un paraíso natural que, además, añade tesoros paleontológicos y villas que se anclaron en el pasado y olvidaron cambiar su fisonomía medieval. Nos movimos por la zona con nuestro Toyota Hilux, hicimos un bello recorrido para disfrutar de la inmensa belleza de la comarca, nos detuvimos en diversas ocasiones, enmudecimos de asombro ante el patrimonio natural y artístico, nos acercamos a Masía Pelarda para entrar en contacto con otras personas aficionadas a la actividad del todoterreno y con un circuito de prácticas y nos iniciamos en el trekking acuático, en un magnífico paraje cercano a la bella y escondida Olba, bajo la experta mano de una pequeña empresa de Valdelinares, Saif Vivencial. |
![]() ![]()
|
Habíamos oído hablar muchas veces de las tierras turolenses de la comarca de Gúdar y Javalambre, las más sudorientales de la provincia; habíamos leído sobre el llano hundido que quedaba en medio de ambas sierras y que el Alto Mijares, así como otras pequeñas corrientes, iban horadando, modelando incansablemente el paisaje y dejando curiosas formaciones sobre la roca caliza de los macizos. Aprovechando nuestro deseo de conocer la zona, nos acercamos a Masía Pelarda, uno de esos pequeños establecimientos rurales con encanto que, además de estar escondido en un bello rincón de la comarca, añadía la singularidad de ofrecer al visitante la posibilidad de practicar la actividad del todoterreno, en un circuito creado expresamente para ello, así como de intercambiar opiniones con las dos parejas que lo gestionan, que conocen bien la zona y que proponen al viajero otras interesantes actividades para practicar en la descomunal naturaleza del entorno.
Empezamos en la población de La Puebla de Valverde, al borde de la llamada Autovía Mudéjar, ya que sabíamos de su patrimonio. Paseamos por sus calles, admiramos su templo, sus puertas de muralla y sus casonas y comenzamos nuestra ruta. Los primeros kilómetros nos llevaron por caminos hasta Masía Pelarda; conocimos a sus dueños, nos enseñaron la bella edificación y, tras asegurar nuestro regreso, emprendimos nuestra aventura. Las tierras del entorno de la masía nos mostraron un inmenso espacio, aparentemente deshabitado, sensación que apenas pudieron romper las construcciones tradicionales diseminadas por la zona. Tras unos pocos kilómetros nos asomamos al primero de los miradores, junto a la ermita de San Cristóbal y sobre Formiche Bajo y el valle del Alto Mijares. Los cambios de paisaje fueron una parte importante de las sorpresas de nuestro recorrido, especialmente por la cantidad de veces que nos asomamos a un horizonte sin límites, apenas eclipsado en la lejanía por las cumbres de los macizos de Gúdar y Javalambre.
Después de alcanzar Formiche Bajo, nuestra ruta continuó descendiendo para salvar la vega del Mijares y volviendo a ascender al Cerro Pedregoso, tras el cual apareció ante nosotros el pequeño embalse de Valbona. Detuvimos nuestra andadura en un grupo de masías, tristemente abandonadas, y en el mismo embalse, tras lo cual continuamos camino hacia Mora de Rubielos. Nos sentimos encantados paseando por el casco histórico de Mora, descubriendo sus arcos y murallas, sus casonas hidalgas y sus ermitas, así como el gran castillo-palacio de los Señores de Mora y la bella colegiata de Santa María; una población especial, muy bella y singular.
Después volvimos a nuestro recorrido ascendiendo a los montes de la Sierra de Gúdar, descubriendo la agreste naturaleza, la vegetación mediterránea de las laderas, la imponente roca caliza de las crestas… En un momento dado nos asomamos a Peña Calva y nos quedamos en silencio ante la magnitud de la verticalidad y profundidad del paisaje que se abría ante nosotros, ofreciendo nuestro respetuoso silencio al inabarcable e insólito panorama. Pinares, sabinas y enebros, y millones de flores de incontables colores acompañaron nuestros pasos por los caminos, no en vano la primavera de este año había hecho cambiar la fisonomía de la Península como no ocurría desde hacía mucho tiempo. Si paseábamos la mirada por las laderas, la multiplicidad de tonos hacía difícil creer que hubiera entrado el verano, si nos volvíamos hacia los cortados y el horizonte infinito, nos sentíamos tan grandes como el entorno, casi inmortales al formar parte de la descomunal naturaleza. Descendimos más tarde a Nogueruelas, aparcamos por un rato el libro de ruta y alcanzamos Rubielos de Mora, ya que nuestro interés entonces estaba en el conocido centro de Dinópolis que hay junto a la población y que se llama Región Ambarina. Paseamos por la instalación, oímos hablar del lago que hubo en el lugar durante el Mioceno y supimos de la singularidad de este espacio a nivel paleontológico. Y asombrados de todo lo que las investigaciones habían sacado a la luz, llegamos a Rubielos de Mora. Si Mora de Rubielos nos pareció muy bella, no menos ocurrió con su vecina, pues la fisonomía, si cabe, era aún más medieval, encerrada en una bella muralla, luciendo un bien conservado conjunto arquitectónico. Pasear por Rubielos nos trasladó, sin querer, al pasado y nos sentimos a gusto con esa sensación mientras deambulábamos por sus callejuelas contemplando fachadas y rincones.
Después volvimos a Nogueruelas y continuamos camino ascendiendo hasta un lugar en el que dejamos el coche y paseamos un rato sobre un paraje natural de gran belleza conocido como el Barranco de los Berros, cerrado, agreste, realmente impresionante. Volvimos al coche porque era el momento de dirigir nuestros pasos hasta la carretera, ya que nos esperaban para iniciar una de las actividades que habíamos previsto. A través de los solitarios y tranquilos montes de la Sierra de Nogueruelas llegamos hasta el puente del Hocino y desde allí, fuera de ruta, nos dirigimos a Olba. Ninguno de nosotros esperaba encontrar lugares como los que anteceden a esta deliciosa población turolense; el barranco del Mijares, el entorno natural, los pequeños barrios apartados… todo nos pareció tan bello que aseguramos una pronta vuelta para conocer mejor la comarca que estábamos recorriendo.
Por una pequeña carretera, antes de llegar a Olba, allí donde el Mijares discurre encerrado entre altas paredes calizas y junto a una central hidroeléctrica, nos esperaban los monitores de Saif Vivencial para enseñarnos lo que era el trekking acuático. De su mano ascendimos el barranco, tan pronto por el cauce del Mijares como por la ladera. Las lluvias de la primavera habían conservado el gran caudal del río, de manera que notábamos la fuerza de la corriente. Resultó un placer nadar en aquellos lugares donde el río tenía un poco de profundidad, igual que lo fue saltar desde las rocas o andar entre ellas atravesando pequeños espacios, a modo de cuevas, pero lo más impactante fue contemplar las numerosas caídas de agua y la espectacular naturaleza del entorno. Después de un par de horas volvimos al coche y terminamos nuestra ruta buscando por asfalto Masía Pelarda; nos quedaba una buena cena, la posibilidad de comentar nuestras experiencias y un buen descanso. Iniciamos el siguiente día en el circuito de todoterreno de la masía, practicando obstáculos naturales y aprendiendo lo que otras personas, especialistas, nos enseñaron.



